“Poder gatuno: la tierra es nuestra”, por Carolina Bartalini


Cat power. La toma de la tierra, Cecilia Palmeiro. Buenos Aires, Tenemos las máquinas, 2017, 222 págs.


Cat power. La toma de la tierra, primera novela de Cecilia Palmeiro, nos arrastra en un continuo sensual y ajetreado hacia New York, Río de Janeiro, Londres, Marruecos, India: el mundo es una pelotita de goma para jugar. Sentimos la voz del gato Rorro que nos cuenta su misión en este planeta a través de la Madrina, quien lo lleva de un lado a otro en épicas aventuras académicas y veraniegas hacia la tesis que hay que escribir, hacia el placer que nuestra especie se empeña en regular y tecnificar, hacia la revolución que se pone en marcha. Rorro nos advierte que la toma de la Tierra ya es un hecho del pasado; mientras leemos, los recuerdos de la marcha del Ni una menos del 19 de octubre nos mojan de nuevo “porque ese día efectivamente comenzó el fin del patriarcado”, le dicta el gato Rorro Miau a la protagonista –¿o es ella la que le lee la mente?, ¿o ella le dicta? ¿o él nos lee?: ¿quiénes nos hablan? ¿a través de quiénes hablamos?
Cat power es una novela desaforada, y se lee con sed. Seguimos el derrotero de la protagonista, dominada por su gato a quien lleva a casi todos lados –cuando no, se debe a las regulaciones de los cuerpos y los tránsitos en el mercado nacionalista actual–. Incisiva, descarnadamente crítica de los sistemas de control –capitalismo, patriarcado, consumismo, academicismo, carnivorismo, esclavismo animal, géneros discursivos–, nos enfrenta con todo aquello que a veces preferimos no ver, aunque sepamos que estamos metidos hasta las narices, que lo luchamos interna y exteriormente. Desnaturalizar, corporizar, subjetivar las disidencias que encarnamos para llegar a la experiencia micro y macro política, que se vive en el éxtasis de una mística feminista que Rorro sabe que no tiene marcha atrás –hay que escucharlo–. Escribir la tesis es la tarea dilatada, el tema se vuelve vida y no queda otra que seguir. El Amo literario aflora de vez en cuando y baja línea: “escribí la tesis”, aconseja, ordena. Pero la tesis se vive, ¿cómo se podría de otro modo escribir?
Se escribe sobre la escritura, Rorro lo tiene muy claro. La pregunta ¿la escritura o la vida? ha quedado definitivamente demodé. El desbunde es literal, la prosa se intensifica a lo largo de las peripecias y se vuelve embriagadora. Alucinamos como el gato en Lagoa, la naturaleza prolifera, y culminamos junto con él en el paisaje fabuloso de la llanura del sur: “el bosque es un desbunde total y yo me pierdo en esa psicodelia”. Yo es otro, Rorro se desubjetiva en la experiencia de la naturaleza bestial, como nosotras cuando caminamos apretadas y nos oímos en la voz de nuestra compañera. Se escribe sobre la vida, o al menos de lo que Rorro puede saber a través de sus uñas telepáticas. ¿No es parecido a leer? ¿La tesis? Llega, todo llega, no puede ser más que culminación e inicio, como el amor, como el poder gatuno.
¿Escribimos sobre la experiencia o hacemos experiencia cuando escribimos? Cat power es una bomba de una ciencia ficción desenfrenada por su extremo realismo y su sentido del humor corrosivo y salvaje; una novela de tesis autobiográfica escrita por alguien que anota como un autómata lo que le dicta su gato extraterrestre que deviene ella y ella deviene él. Si algo está claro, es la necesidad del caos. Se escribe contra los géneros, se escribe la desdiferenciación en un exceso de situaciones neobarrosas con la porocidad narrativa de un pragmatismo existencial. Un informe extrovertido, extra-planetario, de la intimidad amorosa y las formas de la libertad. Una exorbitancia sencilla y primorosa de acciones cotidianas de felicidad y empoderamiento: tomar la tierra con las uñas, contra la máquina que sigue escribiendo, contra la lengua y sus órdenes de genericidad. Ante todo, el ronrroneo fértil de la rebelión y el goce.

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