Boca de Sapo. Arte, literatura y pensamiento es un espacio textual dedicado a la producción y reflexión estética contemporánea: www.bocadesapo.com.ar

martes, 22 de marzo de 2016

“Golpes que siguen doliendo”, por Miryam Pirsch


Golpes. Relatos y memorias de la dictadura, edición y prólogo de Victoria Torres y Miguel Dalmaroni. Buenos Aires, Seix Barral, 2016, 220 páginas.

El 24 de marzo no necesita de números redondos para que la literatura argentina lo escriba. En clave realista, fantástica o alegórica; elípticamente durante los 80 o explícitamente tras el regreso de  la democracia, los escritores y escritoras llevan cuatro décadas pensando, escribiendo  y describiendo las atrocidades de la dictadura cívico-militar más sangrienta de nuestra historia, cuyas raíces se extienden hacia atrás pero también hacia adelante en el tiempo.
El eje en torno al cual Victoria Torres y Miguel Dalmaroni propusieron pensar la dictadura a estos 24 autores es la memoria, ficciones escritas especialmente para integrar este volumen, en las cuales la historia personal se funde con el hecho sangriento de la Historia nacional y es visto y narrado por ojos y voces, en su mayoría, de niños y adolescentes. El cruce entre relatos y memorias elige ubicarse en el costado incómodo, el más comprometido por lo personal, el que involucra el ámbito privado con los espacios por donde más circulamos durante la infancia y la adolescencia: la escuela y la familia. Es así como estas miradas sorprendidas y extrañadas se encuentran con maestras, tíos, amigos y padres de amigos desvanecidos como en el aire, familias enteras forzadas al exilio (“Mis dos hemisferios”, Fernanda García Lao), madres cuyas manos nerviosas tiemblan ante la mención de soldados en el barrio (“Calmar la sed”, Sergio Olguín), economías familiares víctimas de las políticas económicas de Martínez de Hoz y compañía (“1979”, Aníbal Jarkowski), dictadores que besan impúdicamente a niños abanderados (“El beso de Videla”, Juan Carlos Becerra). Un destino colectivo que se gesta en las primeras experiencias individuales, en esas percepciones confusas y pobladas de malentendidos, como en “24” de Federico Jeanmaire, cuyo protagonista no entiende quién se cayó para que todos hablen del golpe con tanta insistencia, o la lapicera que podría contener una bomba, tesoro que se guarda secretamente en “4 colores” de Carlos Ríos.
“Si no le cae una bomba en la cabeza (como le ocurrió a Alexandrer Kluge en Halbarstadt el 8 de abril de 1945), un niño solo puede ser sujeto histórico de un modo retrospectivo. Mientras tanto la historia no existe” reflexiona Becerra (87) y en esta frase resume el ejercicio que realizamos también los lectores que fuimos niños y adolescentes en los años de plomo. Porque Golpes… es un ejercicio de memoria colectiva que llevará a quien lea sus textos a evocar anécdotas familiares o situaciones escolares a las que la distancia del tiempo transcurrido ha dado una densidad que no tuvieron cuando fueron vivenciadas… “Ni siquiera me había dado cuenta de que me acuerdo” (Paula Tomasonni, “Réplica en escala”, 37) será la reacción del adulto que recupera del fondo de la infancia un hecho nimio que en la adultez se convierte en una réplica en escala del terror invisiblemente presente cuatro décadas atrás.
En “Actos de habla”,  Mario Ortiz rompe el orden del relato con un texto que se corre de la narrativa dominante en los textos de la antología porque esa será su estrategia: desarticular la historia y el discurso desde el margen de la urbe, desde Bahía Blanca, el interior de la provincia donde se alimenta la idea del nuevo orden por medio del terrorismo periodístico que se escribe en las páginas de La nueva provincia. Su directora, Diana Julio de Massot sabía cómo hacer cosas con las palabras: incitar al Comandante Mendía a tomar el poder, calificar a los ajenos (el peronismo, el marxismo, a Santucho y Firmenich),  “bajar línea” en formato editorial. 

Un diario es una empresa privada de la sociedad civil
Pero ya hemos visto que un diario como nuestro diario
no refleja la realidad: la produce
no apoya: determina
no aplaude: planifica
no opina clasifica amigo/enemigo
con-figura un estado de la lengua (subversivos, demagogos, tradición)
que se con-funde con la lengua del estado
lengua diario → lengua diaria
aparato ideológico/represivo del Estado (103)

Ortiz nos lleva no solo a la indispensable complicidad civil durante la dictadura sino a la continuidad de sus operaciones en el presente, cuando esta misma estrategia sigue escribiendo las páginas de los diarios cuarenta años después, la impunidad ganó en el juicio contra Vicente Massot y tres letras se repiten con insistencia para no pasar inadvertidas: PRO.

Las ficciones de Gabriela Cabezón Cámara, Inés Garland, Mariana Enríquez, Sebastián Martínez Daniel, Carlos Gamerro, Juan José Becerra, Sergio Chejfec, Esteban López Brusa, Patricia Ratto, Ernesto Semán, Eduardo Berti, Julián López, Alejandra Lurencich, Ajeandra Zina, Patricia Suárez y Martín Kohan se cierran con “Cronología inversa”. La historiadora Laura Lenci nos lleva desde las 10,50 del 24 de marzo del 76 hasta las 11 del día anterior para explicarnos el plural del título de esta selección, de esta sucesión de golpes, simultáneos y sucesivos, que parecen seguir golpeando.


jueves, 10 de marzo de 2016

“Menos que una lluvia (una llovizna)”, por Hache Pavón

Últimas noticias de la escritura, de Sergio Chejfec. Buenos Aires, Entropía, 2015, 113 páginas.


Elogio de lo inestable. Algo, por caso una novela, una máquina de escribir o una libreta verde de notas cobra la apariencia de lo sólido. A primera vista pero, sometido cualquiera de estos objetos a una segunda vista o, si la curiosidad o el método del observador lo demandan, a una tercera, la solidez se desvanece en el aire, en el movimiento o en la escritura de Sergio Chejfec.
Este parece ser el método: caminar por una calle y una ciudad hermanadas por el anonimato y dejarse cautivar por un objeto cualquiera. Después operar un pasaje del objeto desde “el mundo real” hacia “el mundo de la ciencia”, se trata de pensarlo, en esta instancia, como “un objeto de estudio”. Los nombres de los primeros capítulos de Últimas noticias… remiten a una epistemología ficcional: “Origen del ‘problema’” y “Modos de copiado”. Sin embargo, más temprano que tarde, las analogías con el método científico también se desvanecen, porque se trata de una ficción y al mismo tiempo de una puesta en crisis. Caminar, dejarse cautivar y reflexionar sobre un objeto. Reflexionar una y otra vez. Adoptar un punto de vista y otro y otro. Pero esta adopción, dinámica, propicia un devaneo. No hay, Chejfec no parece necesitarlo, un rumbo determinado.
Otro pasaje (siempre el movimiento): desde la narración como vagabundeo físico hacia el ensayo como devaneo mental. Chejfec, el narrador, camina, se detiene frente a la vidriera de una tiende y dice: “Ese soy yo, miro con atención la libreta verde que está junto a un florero angosto, para apenas dos flores, de un color parecido” (pág.16). La temprana inscripción del “yo” en Últimas noticias… abre la dimensión del ensayo y favorece la puesta en crisis del método científico. Se trata de una historia de la escritura, desde la era manuscrita hasta la era digital, pero de una historia personal, narrada y pensada desde las experiencias del “yo”.
Una constante atraviesa todas las experiencias del “yo”: lo inestable. Chejfec construye un diccionario y una fraseología a su alrededor, en sólo dos párrafos por ejemplo nos habla de lo precario, lo inseguro, lo oscilante, de presencias no muy firmes y de motivos siempre poco claros para escribir. Esta inestabilidad, producto de los cambios de puntos de vista y de la reflexión permanente, se ha vuelto un estilo que lo sustrae de las afirmaciones.
Una salvedad (matizada): “¿Alguien puede sostener con seriedad que la escritura no existe? Sería como negar la lluvia. Pues bien, el cuaderno al que me refiero viene a presentar muchos de los lazos hacia lo escrito que se apoyan en la oscilante disposición hacia esa creencia” (13). Dos actos de fe: creer en la lluvia y creer en la escritura, dos actos que Chejfec necesita matizar (incluso la lluvia se muestra vacilante). Descomponer la realidad mediante la descomposición de la escritura, menos que una lluvia, se trata de una escritura que se deshilacha como una llovizna, que se dice y se desdice en los vagabundeos y en los devaneos del narrador. Ese es su placer: el de quien pasea bajo una llovizna de otoño.