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miércoles, 28 de mayo de 2014

“La apertura del candado de oro”, por Jimena Néspolo


Los orígenes de la narrativa policial en la Argentina. Recepción y transformación de modelos genéricos alemanes, franceses e ingleses, de Román Setton. Madrid, Iberoamericana-Vervuert, 2012.

 El candado de oro. 12 cuentos policiales argentinos (1860-1910). AAVV. Edición, introducción y notas de Román Setton. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2013.


La operación de rescate de textos olvidados del género policial que Román Setton viene realizando para la editorial Adriana Hidalgo desde hace unos años, con la edición anotada de las novelas La huella del crimen (1877) y Clemencia (1877) de Raúl Waleis, y la reciente colección de relatos El candado de oro.12 cuentos policiales argentinos (1860-1910), se apoya en una investigación mayor que articula de un modo programático nuevas líneas desde donde pensar el género. En efecto, en su ensayo Los orígenes de la narrativa policial en la Argentina. Recepción y transformación de modelos genéricos alemanes, franceses e ingleses Setton problematiza ciertas lecturas críticas que suelen considerar a la década de 1940 como punto inicial de la producción vernácula del género, teniendo como figura tutelar la anglofilia de Borges y en su estela, las obras de Bioy Casares, Manuel Peyrou o incluso Leonardo Castellani. Se trata de un equívoco que habría tenido su origen en la célebre compilación de Rodolfo Walsh, Diez cuentos policiales argentinos (1953), al situar en el comienzo y en la cumbre del policial local a los escritores reunidos en torno a la revista Sur sin atender en su entera complejidad la historia del género en Argentina y los debates involucrados en dicha cristalización; una historia que Setton retrotrae al siglo XIX para trazar vínculos con tradiciones variadas del relato policial y criminal (el roman policier, la Kriminalnovelle, la detective story, etc.) y encontrar en las novelas de Raúl Waleis –seudónimo del escritor y jurista Luis V.Varela–, en las ficciones de Paul Groussac y E.L.Holmberg, y en los Casos policiales (1912) de Vicente Rossi sus primeras manifestaciones. La investigación se centra, pues, en la época de la República Conservadora, en una etapa que se caracteriza por la emergencia de un imaginario de creciente criminalidad urbana y por el predominio de una cultura científica (en términos de Oscar Terán, esta “cultura” nuclea un conjunto de intervenciones que reconocen el prestigio de la ciencia como instancia legitimadora), y se detiene allí donde comienza la llamada Golden Age de la literatura policial, que habría de imponer un modelo restrictivo de narración a partir de múltiples prescripciones.  
Coherente con su análisis, Setton redobla su apuesta orquestando la reciente antología El candado de oro en dos partes. En el apartado “Antecedentes: relatos de crimen y misterio” arriesga un nuevo ángulo desde donde leer la literatura nacional al presentar un texto de José Hernández (“Revelación de un crimen”) extraído de Rasgos biográficos del General D. Ángel V. Peñaloza (1863) junto a dos cuentos de Carlos Olivera que incluso podrían leerse en clave de relato gótico: “El hombre de la levita gris” (1880) y “Fantasmas” (1880). La segunda parte del volumen, rubricada como “Cuentos policiales: el temprano desarrollo del género”, reúne cuentos de Paul Groussac (“El candado de oro” [1884]) y Horacio Quiroga (“El triple robo de Bellamore” [1903]) nunca editados en libros, ficciones inhallables de Eduardo Ladislao Holmberg (“Don José la Pamplina” [1905] y “Más allá de la autopsia” [1906]), y cuentos que hasta la fecha nunca fueron incluidos en las antologías del género, como es el caso de “Amor y pesquisa” (1908) y “La fiera de la Laguna Verde” (1908) de Félix Alberto de Zabalía,  y “La pesquisa del níquel” (1912) y “Mi primera pesquisa” (1909) de Vicente Rossi; todos perfectamente datados y contrastados en fuentes y ediciones diversas en el apartado final (“Breve noticia de la edición”). Con todo, lo que tiene de interesante esta reposición de textos olvidados en y por el canon policial es que el investigador aquí no resulta, en primera instancia, “el representante de la razón” –al decir de S. Kracaucer– tal como sucede en los años dorados; según el caso –asegura Román Setton–, “se asemeja más a un «héroe mediano» o a una especie de superhéroe de habilidades físicas y sociales extraordinarias” capaz de atravesar sin empacho las lindes de la “alta” y la “baja” cultura. Esta apuesta certifica que, en ese cruce, es donde el investigador encuentra su singularidad y su fuerza. 


martes, 20 de mayo de 2014

"Valiosa edición crítica", por Norma Alloatti

Cartas de José Cayetano Borbón a Juan Bautista Alberdi (1852-1884). Edición crítica y Estudio preliminar de Élida Lois. Transcripción de Mercedes Fliess y Élida Lois. Centro de Investigaciones Filológicas “Jorge M. Furt”, Escuela de Humanidades UNSAM, 2013.

De reciente aparición, la edición crítica de una parte del archivo documental de Juan Bautista Alberdi plantea en su primer volumen titulado Cartas de José Cayetano Borbón a Juan Bautista Alberdi. Cartas desde Chile (1852-1858) abordar el perfil intelectual de Alberdi desde una perspectiva crítica a partir de su correspondencia epistolar.
La edición de manuscritos del voluminoso archivo que se conserva en la Biblioteca Furt de la histórica estancia “Los Talas” (Luján, provincia de Buenos Aires) es muestra fehaciente de los resultados del afanoso proyecto que se desarrolla en el Centro de Investigaciones Filológicas “Jorge M. Furt” (EHU, UNSAM). Las notorias contribuciones que Alberdi ha realizado al derecho constitucional, el análisis socio-económico de la región del Plata, su obra literaria y los debates sostenidos con otros publicistas de su tiempo, como Domingo Faustino Sarmiento, impulsan a sostener una profunda exploración de la trayectoria y de la obra del intelectual tucumano.
El proyecto tiene dos líneas primordiales de abordaje del fondo atesorado. Ellas atienden, por un lado, el estudio de la génesis del discurso alberdiano (inventario de rectificaciones, interpolaciones, comparación de fragmentos y de textos editados) y por otro, la publicación del epistolario conformado por las cartas por él recibidas, muchas de las cuales están inéditas y sus co-respondientes no han sido aún localizadas.
La correspondencia epistolar es una fuente valiosa en la reconstrucción de sucesos históricos ya que la información que brinda esta documentación proveniente de la vida íntima, del ámbito privado, es a la vez testimonio de actos públicos. Las cartas se nutren con reflexiones, comentarios, datos, ruegos, consejos, ideas, recuerdos, que las personas intercambian acerca de algunos asuntos muy personales y otros más generales, entrecruzando de modo permanente las esferas pública y privada.
Las cartas que resguarda el archivo son los fragmentos de diálogos que Alberdi fue construyendo durante sus exilios latinoamericanos (Montevideo 1838-1843; Valparaíso 1843-1855) y en sus  estancias en Europa como diplomático (1855-1862) y como exiliado (hasta 1879 y desde 1881 a 1884, cuando muere en Neuilly-sur-Seine). En el caso de este volumen del epistolario que edita correspondencia entre amigos íntimos, lo público y lo privado se entremezclan en cada misiva. Lo individual, lo atinente a los avatares personales de José Cayetano Borbón que dominan este conjunto epistolar (el más extenso del archivo Furt), se espejan en el escenario de los acontecimientos políticos y sociales que ocurren en Chile (64 piezas remitidas entre 1852 y1858) y en Argentina (418 piezas remitidas entre 1858 y 1884). La biografía de José Cayetano Borbón que se incluye en la edición da cuenta de que en estas cartas el eje estructurador de los testimonios escritos es la vida política argentina y latinoamericana.
Este volumen es el anticipo de los posteriores en preparación, que abarcan todo el fondo correspondiente a Borbón, por eso abarca el periodo chileno de corresponsalía. Con la transcripción de Mercedes Filess y Élida Lois ha aparecido en versión papel y en versión digital (aquí) y preanuncia a los restantes en elaboración.
Todo el fondo epistolar del archivo está siendo revisado de manera crítica, por lo que el equipo de investigación lo ha ordenado en cuatro secciones: “Alberdi y sus amigos”, “Alberdi y su familia”, “La vida pública de Alberdi”, “Las corresponsales femeninas de Alberdi”. En todos los casos, la publicación de los manuscritos responde a transcripciones que  reproducen las grafías, la tildación, la puntuación, los tachados, el uso de mayúsculas, las abreviaturas y los resaltados del original, mientras que las notas a pie de página contribuyen al esclarecimiento de los datos explicativos (biográficos, geográficos, aclaratorios en general), que faciliten a quienes lean la reposición de las alusiones hechas en la correspondencia. Asimismo, las notas a pie de página permiten subrayar aspectos de la interpretación que generan dudas o que sugieren datos imprecisos. Toda pesquisa que se precie de ser crítica se sabe facilitadora de la comprensión del significado del discurso por lo que la mera transcripción del manuscrito es insuficiente. El aporte que se presenta en las notas, por tanto dan densidad a las posibles explicaciones de las ideas que Alberdi ha plasmado en su escritura, siempre entendida como producción de inscripciones materiales y como objetivación de procesos intelectuales.
Como el proyecto de investigación se aboca no sólo a la correspondencia de Juan Bautista Alberdi sino a todos los materiales del archivo, lleva publicada, entre otras, ediciones críticas tales como el “Estudio preliminar” y “Apéndice documental” de El crimen de la guerra (2008) y “Estudio preliminar” y “Apéndice documental” de Peregrinación de Luz del Día o Viaje y aventuras de la Verdad en el Nuevo Mundo (2013), bajo la dirección de Élida Lois demuestran los avances de un proyecto abocado a brindar a la comunidad académica toda no solo manuscritos inéditos sino también sólidas herramientas para la interpretación de ellos así como para la revisión de obras editas.
Como la crítica genética se ocupa del proceso creativo del texto, más que del texto en sí, los  manuscritos y materiales prerredaccionales se vuelven materia fértil para toda escritura y para quienes la estudian poseen un destacado valor testimonial. La primera edición de la obra inédita de Alberdi, de 16 tomos, realizada  entre 1895 y 1901 bajo el título Escritos Póstumos, adoptó criterios discutibles a la luz de conocimientos lingüísticos actuales, por lo que se impone una profunda revisión de la red intertextual que se produce entre las obras que forman parte del acervo analizado. La labor hermenéutica no queda anclada así en el texto sino que se adentra en el contexto social en el cual se halla inmerso. Los testimonios fragmentarios que posee el archivo de textos que en su edición fueron ordenados de modo distinto al original o que no fueron publicados permiten reponer el modo de enunciación de Juan Bautista Alberdi.

Estudiar la correspondencia privada invita también a analizar la génesis del epistolario como tal, es decir, el proceso de escritura que dio lugar a cada serie de cartas como conjunto, cuáles son los tópicos frecuentes, cómo se incorporan a lo largo de los años, como se construye el estilo, el trato entre partes, cuestiones que se abordan de modo lúcido en esta colección, que de este modo pone al alcance de investigadores, estudiantes y público en general tan valiosa documentación, abriendo las puertas del repositorio Furt a nuevas investigaciones. 

martes, 6 de mayo de 2014

“El nacimiento de una mirada y de un estilo”, por Enzo Cárcano


 Mansilla, Lucio V., Diario de viaje a Oriente (1850-51) y otras crónicas del viaje oriental. Ed. crítica, introducción y notas de María Rosa Lojo (dirección), Marina Guidotti (asistente de dirección), María Laura Pérez Gras y Victoria Cohen Imach. Buenos Aires, Corregidor, 2012, 376 páginas.  



Lucio V. Mansilla fue una de las figuras literarias más distintivas de la generación del 80. En su inconfundible y emblemático estilo —cargado de sutiles ironías, refinamientos y confidencias— sigue resonando la aristocrática mirada de una clase ya extinguida. Pero ese dominio de la materia escritural llegaría con los años, en la madurez. Los inicios de la labor de escritor de Mansilla eran, hasta hace poco, brumosos: como solía ocurrirles a los jóvenes adinerados de aquellos años, también él (que a la sazón, en 1850, contaba 18 años) fue enviado a recorrer el mundo, pero los primeros manuscritos en los que había dejado plasmadas sus impresiones estuvieron perdidos hasta que su tataranieto, el escribano Luis Bollaert, halló los originales en casa de su propia madre. Tiempo después, fruto del denodado trabajo de edición de un equipo dirigido por la investigadora y escritora María Rosa Lojo, el sello argentino Corregidor ha publicado el Diario de viaje a Oriente (1850-51) y otras crónicas del viaje oriental. La importancia de este libro, segundo volumen de la colección Ediciones Académicas de Literatura Argentina Siglos xix y xx (eala), que dirige Lojo y codirige Jorge Bracamonte, es capital, ya que, además de constituir el mismo germen de la pluma mansillana, inaugura el campo discursivo y temático del Oriente asiático en la literatura argentina: “Recuperado después de más de ciento cincuenta años de invisibilidad, el manuscrito es tanto el hipotexto de muchos de los escritos posteriores de Mansilla, como el documento que da fe acerca de la experiencia iniciática que definió el camino seguido por el joven escritor en la construcción de su personalidad y de su obra” (52).
No sería aventurado sostener que aquella mirada —de avanzada para su época— que reconoce, en Una excursión a los indios ranqueles (1870), la existencia de una alteridad cultural comienza a gestarse en el Diario. En Calcuta o en Madrás, por ejemplo, el joven Mansilla, acostumbrado a la hegemonía cultural de su clase, siente en carne propia lo que es ser visto como un bárbaro, como un nativo de la salvaje América del Sur: “Ayer recibi una invitación, de Mr. Barstow el gefe de la Casa de Barstow Wihtnay &Co para ir a almorzar á su casa en trage de gaucho y hoy lo he pasado con él y otros tres divertido – El trage de nuestros paisanos les ha agradado mucho” (197). Pero además de ser el testimonio de la salida al mundo de Mansilla y de su avidez por aprehender las diferencias, el Diario es también la primera versión —o más bien el hipotexto— de episodios que luego reaparecerán, ya con otros matices y mayor soltura, en textos posteriores. En este sentido, constituye una clave de interpretación y de seguimiento del derrotero, tanto escritural como vital, del propio autor, y abre las puertas a nuevas lecturas —más integrales— del total de su obra. El valor genético y documental de los manuscritos que aquí se publican es, entonces, manifiesto.
La edición del Diario que preparó el equipo de la Dra. Lojo (integrado por las Dras. Marina Guidotti, María Laura Pérez Gras y Victoria Cohen Imach) responde cabalmente a lo que exigía tamaño hallazgo. Se trata de una edición crítica cuidadosamente anotada en la que se ha tenido muy presente la necesidad de reponer el contexto histórico, geográfico y cultural en el que las obras (el referido diario y las crónicas De Adán a Suez, de 1855, y Recuerdos de Egipto, de 1864, que son objeto aquí de su primera edición erudita) fueron compuestas. Por esta razón, el libro incluye reproducciones facsimilares de los manuscritos (el original, denominado “horizontal o apaisado” por su particular disposición, y el “vertical”, una transcripción incompleta del anterior), algunas láminas y fotografías, mapas en los que están trazados los itinerarios de las travesías orientales, una selección de bibliografía crítica y una extensa y detallada introducción. En ella, se abordan la vida y la obra de Mansilla, la teoría del relato de viajes y su aplicación al Diario, las relaciones de este con la obra posterior del escritor, y el análisis ortográfico, morfosintáctico y léxico de los dos manuscritos y de los otros textos de viaje que incluye la edición.
En Recuerdos de Egipto, Mansilla tilda a su diario juvenil de “insulso e imperfecto” (345). Es cierto que, como señala Lojo, “No se hubiera podido adivinar [en él] al futuro gran escritor si algo le hubiese sucedido al viajero de veinte años y solo esos papeles hubiesen quedado como testimonio de su vida y obra incipientes” (14). No obstante, si bien Mansilla todavía no había llegado a pergeñar aun ese estilo y esa vocación de observador que lo consagrarían en las letras argentinas, la simiente de estos ya está en el Diario de viaje a Oriente que se ha publicado en la colección eala, de la editorial Corregidor, “...una fuente inagotable de ecos [...] para perderse entre mares, desiertos aldeas y pirámides, con el sabor de la pampa en la boca y la irresponsable magnificencia de quien viaja acompañado de un baúl con veinte mil libras esterlinas de las que nadie, en definitiva, iba a pedirle cuentas” (67).