Boca de Sapo. Arte, literatura y pensamiento es un espacio textual dedicado a la producción y reflexión estética contemporánea: www.bocadesapo.com.ar

viernes, 24 de febrero de 2012

“Los enemigos de la poesía”, por J. S. de Montfort

El poeta asesinado, de Guillaume Apollinaire. Barcelona, Barataria, 2012.

Las dos líneas maestras de la nouvelle El poeta asesinado del escritor francés Guillaume Apollinaire (1880-1918) podrían ser la fatal admonición que brinda su peripecia (el aniquilamiento de la sensibilidad poética) y la disparatada sinrazón de su fluir discursivo (el lenguaje que conspira contra su arbitraria lógica interna; lo que Breton llama su liricismo). En El poeta asesinado, Apollinaire se vale de una praxis destructiva basada en el sinsentido del absurdo y que sirve como desacato de las normas de la vida y de la naturaleza (entendida ésta como espejo en el que el artista se ha de mirar para desentrañar los secretos del mundo) y que se nos presenta con diversos disfraces (drama, novela bucólica y pastoril, relato fantástico, relato naturalista, etc.) que se subvierten de manera provocadora en 18 cantos.
En su lectura contemporánea, más allá de la hipérbole fantasiosa, la exageración y el disparate (al estilo pre-dadaísta), El poeta asesinado mantiene su fuerza en la carga alegórica y que el poeta nos presenta al modo de la metáfora continuada. Su leitmotiv podría ser el siguiente: “frente al arte está su apariencia, de la que los hombres no recelan y que los rebaja de donde el arte los había elevado”. Apollinaire hace de tal apariencia la naturaleza de la denuncia de su arte, encontrando en ella un canto a la mezquindad destructora del mal.
Para ello, Apollinaire nos cuenta la historia del poeta Croniamantal, un poeta que queda huérfano y es entregado para su educación a un holandés llamado Janssen, que ejerce de maestro y le instruye en las diversas lenguas y en la poesía y las ciencias. En su juventud Croniamantal se enamora de Mariette y siente la tristeza trágica del amor (pues el deseo queda enclaustrado en una imposible memoria platónica: en el recuerdo).  Al llegar a la mayoría de edad, su tutor muere y Croniamantal se va a París a entregarse “apaciblemente a su inclinación por la literatura”. Allí, un pintor trasunto de Picasso y a quien se menciona como “el pájaro de Benín” le vaticina que Tristusa Bailarineta (a quien Croniamantal no conoce) habrá de ser su mujer (su musa). En un retorno a la naturaleza (en el bosque de Meudon) y en el que Apollinaire hace converger diversos tiempos del relato (al modo cubista, igual que en su poema Zona, con el centro del eje narrativo oculto), Croniamantal se encuentra con la voz hipnótica de Tristusa Bailarineta que le canta y le enamora y, al tiempo, encuentra a su doble –y quien habrá de ser su rival sexual–: el ´falpoeta` Paponat. Tristusa se hace amante de Croniamantal y se vuelve hermosa gracias a los versos que este le compone, pero pronto le abandona por su rival Paponat, en tanto que Croniamantal se vuelve célebre.
La trama (y el drama) se disparan cuando Tristusa y Paponat huyen y Croniamantal se dedica a perseguirlos por Europa, guiado por el hechizo de Tristusa. Ahora los premios de poesía se han extendido tanto (había más de ocho mil) que aparecen los detractores. Y el más furibundo es Horace Tograth que publica el artículo “Le laurier” (el laurel), donde habla de ese viejo signo de gloria de la poesía, gloria que dice Tograth ya han perdido sus portavoces (los poetas), convertidos en holgazanes irredentos y, así, ya no tienen razón de ser y han de ser exterminados. Los poetas son, en opinión de Tograth, una raza privilegiada “que consume la humanidad”. Así, se dictan edictos para apresar a los poetas del mundo y para matarlos, y se conspira contra la misma palabra poética. Croniamantal se convierte en un mártir, en “el más grande de los poetas vivos”, quien dice haber visto a Dios cara a cara, mientras Paponat reniega de la poesía y Tristusa (“la poesía divina que cura mi alma”, en palabras del propio Croniamantal) le clava la punta de su paraguas en el ojo a Croniamantal. Finalmente, el pájaro de Benín (el alter ego de Picasso) le construye a Croniamantal una “profunda estatua de nada, como la poesía y como la gloria”, en un hueco donde no queda sino su fantasma.
Las construcciones alegóricas son relevantes al permitir que cada época las (re)interprete. Así, podemos ver hoy la pérdida de la sensibilidad estética de la que habla El poeta asesinado en términos (post)humanistas y sentir que lo que amenaza al arte hoy es, en palabras de Roberto Juarroz, la incapacidad del escritor para construir “una escritura que resista / la intemperie total”, una representación válida para esa nada (post)picassiana, ese desencanto fútil del mundo contemporáneo en el que el arte ya se ha vuelto (post)autónomo y ha ido un paso más allá de la autonomía que le demandaba Apollinaire. En suma, la continuación todavía no satisfecha del todo de la promesa de liberación de las vanguardias históricas y que el postmodernismo trivializó con su pirotecnia.

viernes, 17 de febrero de 2012

“Virtudes y callejones”, por Jimena Néspolo

 Callejón sin salida, de Lázaro Covadlo. Barcelona, Colección Bichos, Sigueleyendo, 2011.


Efectivamente la Bestia tiene el pelo chuzo, dimensiones antropométricas desproporcionadas, un aspecto general de chanfaina en pena y, para colmo de males, un tufo que hiede. Su madre se lo advertía siempre: “Estás llevando tu vida a un callejón sin salida”, pero no hubo caso. Quién sabe si por no escucharla, o por escucharla demasiado, no sólo terminó en el callejón, sino también condenado a ver el espectáculo del afuera en un curioso espejo con propiedades de telepantalla. Aquel extraño adminículo forma parte de los artilugios mágicos que el Hada Puta le entregó para compensar las privaciones causadas por su maleficio; gracias al espejo, la Bestia puede presenciar íntimos detalles en la vida cotidiana del mundo circundante para luego entregarse “a las delicias de Onán acometido por un ambivalente sentimiento de placer y congoja”.
 El remake de La Bella y la Bestia realizado por Lázaro Covadlo explota la popularidad lograda por la versión más difundida de la historia –la de Walt Disney Pictures (1990)–, rescata personajes presentes en versiones menos conocidas del relato –las de Gianfrancesco Straparola (1550), Gabrielle-Suzanne Barbot deVilleneuve (1740) y Jeanne Marie Leprince de Beaumont (1756) – y, con frescura y extrema pericia, centra la tensión narrativa en el conflicto porno-erótico que liga a los sujetos. En este sentido, su narración demuestra cómo las temáticas fundamentales de la subjetividad psicoanalizada pueden ser explicitadas hoy en una suerte de folklore naïf: el deseo incestuoso entre Bella y su padre, la envidia histérica de las hermanas, el Edipo ejemplar de la Bestia y la fatal transferencia que realiza hacia el Hada Puta es el esqueleto universal que este “clásico infantil para adultos” –según se presenta en la tapa del volumen– actualiza en su flagrante carnalidad.     
Pero diseccionemos una frase hecha de márketing editorial que bien podría cuadrarle al autor, y que en esta bonita y accesible edición digital que nos ofrece Sigueleyendo no consta: “[Covadlo] Es el secreto mejor guardado de la literatura argentina”. Bien: ¿Qué relación existe entre “poética” y “secreto”? ¿La “Literatura” se construye a base de precintos y secretos? ¿Quién y por qué guarda lo guardado? ¿Lo no-secreto pertenece al orden de la literatura? ¿A qué orden pertenece lo literario-no-secreto?
Estamos hablando de los discursos que legitiman “lo literario”, y en ese complejo campo de fuerzas “lo secreto”, “el pudor” o “la virtud” son significaciones que –aun en sus antípodas– van de la mano. Y la mención no es fortuita, porque la Bella que nos ofrece Covadlo es una verdadera Justine sadiana, digna de todos “los infortunios de la virtud” que sufre por no entrar en la rosca orgiástica y bursátil de su época (tematizada en la lascivia de la Bestia y en "la burbuja" de especulaciones inmobilidarias que su fortuna habilita).
Casualmente, el ensayista Reinaldo Laddaga intituló un opúsculo reciente dedicado al creador de Mickey Mouse: “Los infortunios de la virtud: sobre Walt Disney” (en Tres vidas ejemplares, 2008). Pero mientras que allí, sólo las contundentes tres páginas finales del texto nos salvan de la extraña sensación de haber leído un resumen novelado del memorial de la empresa, la narración de Covadlo explora el tenue límite que separa “lo infantil” de “lo obsceno” y, sin estridencias, gana la partida. 

viernes, 10 de febrero de 2012

"La incomodidad de los hechos", por Felipe Benegas Lynch


Antonio Di Benedetto Periodista: una historia que pone en tela de juicio el rol de la profesión, de Natalia Gelós. Buenos Aires, Capital Intelectual, 2011, 192 páginas.
 
Antonio Di Benedetto periodista es una rigurosa semblanza del autor que lo muestra en su faceta menos visible, pero no por eso menos importante. Como todo gran escritor, en torno a su vida se han tejido mitos y ambigüedades. Gelos realiza un exhaustivo relevamiento de diversas fuentes, puntualmente detalladas y contrastadas en cada caso, que permite echar luz sobre los hechos más importantes de la vida personal y profesional del mendocino, siempre poniendo el foco en la profesión que Di Benedetto ejerció de modo remarcable.
El balance entre lo personal y lo profesional es atinado para mostrar al hombre detrás del periodista. Porque para ahondar en las luces y sombras de la profesión, es necesario observar cómo vivó quien dedicó su esfuerzo y puso en riesgo su integridad física y la de su familia para llevar adelante dignamente la dirección de uno de los diarios más importantes de Mendoza (si bien su cargo era nominalmente “subdirector”, era director de hecho).
De allí, de la redacción del diario, se lo llevaron los militares que lo secuestraron en 1976 y marcaron el comienzo de un periplo absurdo que habría de marcar su vida para siempre.
Gelós hace honor al Di Benedetto periodista al presentar estos aspectos tan oscuros de su biografía con rigor periodístico y objetividad. Los hechos abundan en el libro, siempre bien respaldados por un obsesivo corpus de citas que permite discernir mito de verdad.
Esto deja en evidencia ciertas miserias del Di Benedetto hombre, especialmente en relación a su tormentosa relación con las mujeres. Como que el “amigo” al que el autor decía haber dirigido las cartas en las que escondía los cuentos que escribió durante su cautiverio era en verdad una “amiga”, Adelma Petroni, que verdaderamente movió cielo y tierra para que lo liberaran y para la cual él no mostró mayor gratitud, al menos públicamente.
El perfil del hombre se complementa con el del riguroso periodista, cuya ética a la hora de manejar la información salvó vidas y le costó el trance más difícil de su existencia.
¿Qué hace una empresa periodística cuando capturan a su director? ¿Qué hacen los otros medios? ¿Qué pasa con la familia de ese director? ¿Y con él si es que alguna vez lo liberan?
El caso Di Benedetto abre todas estas consideraciones y más: nos da la posibilidad de hacer un recorrido por la historia nacional reciente y, en estos tiempos de revisionismo histórico y periodismo militante, nos permite reconsiderar el rol de los medios de comunicación y pensar una ética del periodismo más allá de los intereses sectoriales.
Recorremos así escenas míticas del mundo de la cultura argentina, como el famoso almuerzo de Borges y Sábato (quien intercedió por Di Benedetto, entre otros) con Videla y el heroico protagonismo del Buenos Aires Herald de Robert Cox en esos oscuros años.
Como indica el subtítulo, la de Di Benedetto es “una historia que pone en tela de juicio el rol de la profesión”. Más allá de las opiniones y los juicios de valor, hay hechos, y esos hechos muestran a un Di Benedetto que efectivamente dignificó el oficio periodístico porque se rigió por una ética que no le permitió callar o esconder lo que pasaba, volviéndose de este modo blanco para el terrorismo de estado. En palabras de Gelós: “Di Benedetto quizá no comprendió o no se conformó con saber que, en épocas nefastas, para quienes buscan el silencio o la mentira, los que manejan y difunden la información son ante todo sospechosos porque tienen en su poder el arma más poderosa: la palabra.”
El volumen se cierra con un apéndice que aporta nueve notas periodísticas que nos permiten apreciar la prosa del mendocino. Otro aporte digno de mencionar es la transcripción de la carta que escribió el autor el último año de su vida tratando de que le otorgaran su merecida jubilación –que no obtuvo– y explicando por qué en el año 1976 se habían suspendido “por causa mayor absolutamente insuperable” sus aportes. El documento, de tinte kafkiano, es ilustrativo de las miserias a las que se vio sometido el gran periodista y autor.

viernes, 3 de febrero de 2012

"La epopeya del aprendiz de lenguas", por Pablo Manzano


Hace tiempo mi mujer me regaló un libro que ella había leído cinco veces y que se convirtió en una de mis novelas favoritas, escrita por John Irving y titulada La epopeya del bebedor de agua, con cuyo protagonista, Fred Bogus Trumper, realicé mi primer viaje premonitorio a la ciudad donde ahora resido.


Einfach zu lesen
He recibido la revista del FPÖ. ¿Por qué me la envían? ¿No deducen por mi apellido que soy un Ausländer? Durante las primeras páginas compruebo que no me pierdo en la sintaxis, lo cual me alegra el día y me anima a seguir leyendo. Los liberales azules sí que están indignados, no como esos veraneantes de Plaza Cataluña y la Puerta del Sol. Motivos no les faltan. ¿Sabía usted que en un colegio primario vienés los niños tienen que disfrazarse de mujer? ¡Y la idea ha sido de una profesora húngara! Peor aún es que los soldados austriacos fueran agasajados por el gobierno socialista con una comida al final del Ramadán, y ¿qué les sirvieron? ¡Cuscús, Kebabs y Humus! Por si fuera poco los ciclistas podrán circular libremente por cualquier calle de la ciudad, sólo porque ellos son los buenos y los conductores de coche los malos. La revista es fácil de leer, y eso se agradece cuando estás aprendiendo una lengua incómoda a los cuarenta. Si algo necesito son textos sencillos. Si algo se le da bien a la extrema derecha de cualquier país es explicar las cosas de la manera más clara y sencilla posible.

Es wird schon kommen
No es lo mismo leer que escuchar. Hace tiempo traduje a O’Henry (del inglés, claro), y recuerdo que un personaje suyo, en alusión a una lengua ajena y remota, hablaba de palabras que suenan como dados en un cubilete. Recién llegado a esta ciudad yo no era capaz de asimilar ni un microfonema, así que me concentraba en la música de esos dados. Oír a los austriacos es como oír a mejicanos hablando alemán. En una conversación empañada uno aprende a hacerse el idiota, a adivinar, a reírse de lo que cree entender. Mi mujer (entonces mi novia) me veía apenado: «ya va a venir, entender lleva su tiempo». Ella habla español pero es nativa, conoce su país. Me sugirió que, si todavía no me sentía seguro al hablar, me comportara como un angloparlante descarado que no está dispuesto a hacer concesiones: en el banco, en las tiendas, en la AMS, en el tranvía era mejor que hablara inglés. «Así la gente será mucho más freundlich.» A los amigos y conocidos vieneses no quería obligarlos a cambiar de lengua, así que sólo podía escoger entre dos papeles: el autista o el indígena. No se puede ser un autista cuando uno siempre quiere impresionar a todo el mundo, así que me lancé a hablar (al principio como un indio). Al poco tiempo empezaron a dolerme todos los nervios, huesos y músculos de la cara; todo derivó en una pesadilla bucal y tuvieron que extraerme tres muelas. No es una hipérbole, es la consecuencia directa de intentar hablar esta lengua.

Um ein Haar
A veces cuesta reconocer a un Schwarzkappler de paisano. Por eso existe una web adonde la gente envía advertencias desde el iPhone, indicando en qué estación o medio de transporte han sido vistos y describiendo su aspecto en un lenguaje telegráfico y comprensible. «U6 Spitelau. Hace 20 minutos. Señora gorda, hombre bajito y calvo. Parecen un dúo cómico.» Cuando uno detecta a un sospechoso, se pregunta: ¿es un Schwarzkappler o sólo un austro-demente retratado por Deix? Hoy me pillaron desprevenido en el tranvía. Recordé el consejo de mi mujer, pero descubrí que desde que he empezado a estudiar la lengua mi inglés ha desaparecido (se ha escondido). Lo busqué por todos los rincones de mi cerebro, sin éxito, y quizá fue eso lo que me salvó. El Schwarzkappler tuvo que resignarse a que la comunicación con el autista hispano que tenía delante era imposible, y que por tanto no podría multarlo. Se marchó gruñendo. Algo llegué a entender de sus gruñidos, algo de que la próxima vez setenta euros.

Ohne Zweifel, bin ich verzweifelt
Al principio elaborar una frase correctamente puede llevar el mismo tiempo que escribir una novela en la propia lengua («Erres un exagerrado», diría mi mujer), y cuando finalmente se consigue la sensación de incertidumbre literaria es la misma: ¿me ha quedado bien, me ha quedado mal, dónde la he pifiado? Con los diccionarios online o digitales las palabras poco familiares acuden a la mente en un pestañeo, y si se trata de una mente agotada (adulta) la abandonan con la misma rapidez: memoria de pez. La incorporación de elementos lingüísticos extraños se adquiere mediante cursos intensivos. Es la única manera de desarrollar las cuatro destrezas: escribir, leer, hablar, comprender. Porque se trata de destrezas y no de inteligencia. Algunos monos poseen la destreza para saltar de un árbol a otro, y otros para hablar y comprender los idiomas (sprachbegabt). Pero los cursos, ya se sabe: un gran negocio. Y la burocracia del este, ya se sabe: una larga espera. Pasé ocho meses estudiando en casa por mi cuenta hasta que por fin conseguí un curso subvencionado.   

Liebe auf den ersten Fick
El dentista se quedó con tres muelas y una parte de mis ahorros, y me prescribió un tratamiento de raíz para salvar una cuarta muela. Los números en alemán suelen resistirse al oído, pero las cifras se dejan leer en cualquier idioma. Kostenvoranschlag: 1.200 €. Si no quería seguir desembolsando necesitaba mi propia e-card (tarjeta sanitaria), que para un ciudadano comunitario como yo es muy fácil de obtener. Sólo tenía que conseguir un trabajo: en alemán. (Lo juro, el vocabulario de todos los empleados sonrientes de Viena que trabajan en atención al público se reduce a tres frases cantarinas: Bitte schön, Danke schön, Schönen Tag. De mí, sin embargo, esperaban algo más.). Así que finalmente me casé para que mi mujer pudiera compartir conmigo su seguro médico público y convertirme en Amo de Casa (los títulos en Austria son importantes: ella es Diplom-Ingenieur y yo Hausmann, y así figura en nuestro buzón). Lo nuestro siempre ha sido amor y bla bla bla, pero cuando el juez del Standesamt hizo sonar sus dados en el cubilete para mí, me pareció escuchar: «Herr Manzano, ¿acepta a esta mujer y a esta e-card hasta que la muerte los separe?».

Die Familie
Lo que habla mi cuñado Franz no es Deutsch, sino Umgangssprache (dialecto). A mí se me da bien leer y escribir, así que a menudo chateo con él por Facebook, a ver si consigo familiarizarme con su manera de expresarse. Pero Franz escribe como habla. «Waunst des lesn kaunst deafst di a echta weana nenan». Traducido al alemán: «Wenn du das lesen kannst, darfst du dich einen echten Wiener nennen». Y al castellano: «Si eres capaz de leer esto, puedes considerarte un auténtico vienés». A Franz lo veo una vez al año en un pueblo de Steiermark, en la casa de mi suegra, para celebrar la Navidad con mucha nieve y toda la familia. A mi suegra la adoro, y ella me adora: ventajas de una comunicación limitada. En la última Navidad, a la medianoche, todos fuimos a recoger nuestros regalos. Mi generosa suegra había colgado en el árbol varios billetes de cien euros, uno para cada miembro de la familia, y los billetes estaban enrollados como canutos. Recuerdo la escena posterior: todos reunidos alrededor de la mesa, expectantes, cada cual sosteniendo un billete enrollado. Mientras mi suegra abría una caja de metal (luego supe que adentro sólo había galletas), me miró con una sonrisa y me dijo: «Ich habe mich immer sehr auf Weihnachten gefreut». Yo entendí: «Para Navidad siempre pillo de la mejor, de la que tomaba Freud».     

Gebildet und eingebildet
El curso está subvencionado por la AMS (algo así como el IMEM). Mis compañeros son de Irán, Mozambique, China, Serbia, Afganistán y otros países poco atractivos. Algunos son refugiados y ninguno tiene estudios superiores. Mientras que yo llevo ocho meses en Austria, todos ellos residen en el país desde hace diez años o más. Si la AMS todavía los envía a hacer cursos de alemán es porque así no cuentan como parados sino como gente en formación. Si bien hablan y entienden la lengua sin problema, en voz alta leen como disléxicos (algunos tuvieron que empezar por el alfabeto latino) y la gramática todavía les resulta inasible, por lo que acuden a mí, que aunque empiezo a dominar la gramática sigo hablando como un indio y entiendo más bien poco.
Hemos tenido suerte con Daniela, la profesora, que es muy paciente y prepara unas clases estupendas. Dentro de lo posible, ya se sabe. El abanico temático de cualquier libro o curso de idioma es siempre deprimente. «Pablo, ¿tú practicas deportes de riesgo?» Daniela se dirige a mí en un alemán pausado y funcional. «Natürlich, tres hora por día, en esta clase». Risas, pero de gracioso nada. Sigo convencido de que uno puede desencajarse la mandíbula con el trabalenguas constante que es este idioma. Dich, mich, sich, ich. La semana pasada Daniela estaba de vacaciones y la sustituyó el Profe Ilustrado, que no preparaba las clases ni quería trabajar: repartía quince fotocopias de ejercicios por alumno y luego se sentaba a leer obras literarias selectas de mil páginas con letras doradas en lomo y cubierta. A veces yo le planteaba alguna duda, sólo para que levantara el culo de la silla y se acercara a la pizarra. En medio de una explicación, como si tal cosa, le dejé caer que yo era traductor. «¿Pero cómo, usted ha ido a la universidad?» Picaste, Profe Ilustrado. «¿Y qué es lo que traduce?» Normalmente traduzco narrativa comercial, pero le respondí: «Literatur, Hochliteratur. Aus dem Englischen ins Spanisch.» Para el Profe Ilustrado el resto de los alumnos se volvieron invisibles. Se sentó a mi lado y empezó: oh, Faulkner, oh, Joyce. Excitadísimo, me preguntó. «¿Y qué lee usted? Porque usted lee, ¿verdad?» «Der Mann ohne Eingeschaften, lo leo a todas horas.» Oh, Musil, oh, Heimito von Doderer. Le nombré a Bernhard, pero el Profe Ilustrado lo consideraba un escritor menor. «Y dígame, Herr Manzano, ¿usted fuma?» Asentí. «Pues yo fumo en pipa», dijo él. Oh, en pipa. Establecimos una complicidad pedante que excluía al resto de la clase. El último día le pregunté: «Perdone, profesor, ¿qué significa die Malerei?» Afinó las cuerdas vocales y empezó: Tiziano, Bruegel, Delacroix, Rembrandt, Manet, Monet, Cézanne, Gauguin… Se hizo la hora y nos marchamos todos a casa. No sé qué ha sido del Profe Ilustrado, tal vez sigue allí sentado enumerando pintores. Wahrscheinlich.           

Die Nachbarin
En el edificio de la calle Dreihackengasse donde vivo, hace tiempo vivieron Marie Hilfreich y Olga Treuer. Hay una placa en la puerta: Deportiert nach Auschwitz am 23.1.1943. ¿Habrá vivido alguna de ellas en este mismo piso, quizás en el de abajo? Qué más da, lo cierto es que ahora en el piso de abajo vive una vecina treintañera que ha llamado a mi puerta varias veces. Uno ya no puede seguir escondiéndose debajo de la mesa cada vez que suena el teléfono o llaman a la puerta: para aprender una lengua hay que estudiarla, pero también practicarla. En cualquier caso la vecina, que es de Linz, advierte mis dificultades de comprensión y me habla en inglés, un idioma que traduzco a diario pero que sigo sin encontrar. No es lo mismo traducir que producir, y el inglés que ahora produzco tiende a llevar el verbo al final. Así que le respondo a la vecina en alemán. Un alemán quizás algo lento (der, die oder das? DAT oder AKK?), pero correctísimo: gracias, Daniela.
La primera vez la vecina se quejó porque según ella aporreo el piano. Claro, estamos en Viena. Antes de venir yo había pensado: allí sólo hay pianistas buenos, seguro que necesitan alguno malo. Pues no. La segunda vez se quejó porque según ella piso demasiado fuerte al caminar por la sala. Claro, estamos en Viena, debería andar de puntillas como una bailarina clásica. La vecina vino por tercera vez (aquí el lector piensa: ésa anda buscando algo, y el autor subraya que es un hombre casado, y que la vecina no está para nada buena). Dijo que lo de anoche ya era demasiado, inaceptable. ¿Lo de anoche? ¡Sí, esos gritos de sexo, fue escandaloso! «Du irrst dich. Das waren wir nicht» (Te equivocas, no fuimos nosotros). La vecina: «Come on, I don’t believe you». Me esforcé, pero no pude convencerla de que mi mujer y yo a esa hora sólo dormíamos. Ella seguía increpándome, y mi proceso de pensamiento era demasiado lento para defenderme (mejor así, porque llegué a pensar: vinieron a por Marie, vinieron a por Olga, ¿por qué no vienen a por ti?). Pero aquella presión, quién iba a decirlo, finalmente sacó lo mejor de mí. Una forma simple y una compuesta en la misma frase. Konjunktiv II Präsens + Konjunktiv II Präteritum. Daniela estaría orgullosa. La frase fue espetada a continuación de: «¡Ya te he dicho que no fuimos nosotros!» Sin titubeos y levantando la voz: «Ich wünschte, wir hätten es getan!» Traducción: ¡Ojalá hubiéramos sido nosotros! Justo antes de cerrarle a mi vecina la puerta en la cara.                

Deutsch muss verbessert werden
La vecina no regresó. Pero después de su última visita yo descubrí que ya me sentía seguro al hablar. Ahora soy capaz de formulaciones gramaticales cada vez más complejas. Las nebensätze son pan comido. Escribo frases más largas que las de Bernhard, sin cometer un solo error. Podría incluso discutir con Wittgenstein, siempre y cuando mi mujer esté presente. «Esto no puede ser –dice ella–. Descolocas a la gente». Y es que el problema sigue siendo mi oído. Las conversaciones con amigos y conocidos vieneses transcurren así: ellos me hablan en alemán (glot, tschun, kriag, net, juasch, trot, oachka, owa, echt: dados en un cubilete, oder?), mi mujer traduce al castellano, y yo les respondo en un alemán fluido y florido. Conversamos sobre la lengua que ellos hablan, y yo les explico que me gusta pero que sin duda es una lengua incómoda en la que hay mucho por modificar o eliminar. Les explico mi proyecto lingüístico para mejorar el alemán, para que no sea un atentado contra la salud de los aprendices del idioma. Entonces se acerca una camarera y me pregunta algo (si quiero otra cerveza, por ejemplo), y me quedo mirándola con cara de idiota, y luego miro a mi mujer: ¿qué ha dicho? «Esto no puede ser», dice mi mujer, que me pide coherencia, es decir, que vuelva a hablar como un indio. ¡Ni hablar! ¡No puedes pedirle eso a un escritor! Sé que es extraño lo que me ocurre, pero creo que eso también me ha ocurrido siempre en mi propia lengua. No es tan raro después de todo. Señálenme a uno, a una sola persona, que no hable más de lo que escucha.